Quién fuera músico y que fuera catalán

Josep Carner-Ribalta, uno de los primeros militantes de Estat Català, que fuera secretario de Francesc Macià, publicista cinematográfico para la Paramount y guionista en Hollywood,  durante sus años de estancia en Nueva York colaboraba en la revista Cine Mundial.  A propósito de los éxitos de músicos catalanes en el Nueva York de los años cuarenta, escribió en marzo de 1944:

Algo de la genialidad de un chef culinario hay en la función de un Xavier Cugat o de un Enric Madriguera, sirviendo al pueblo americano el plato fuerte de la música tropical, que los propios indígenas de Cuba y otras tierras hispano-americanas apenas llegaron a descubrir. Indudablemente estaba escrito que, a pesar de existir magníficos músicos en Cuba, Méjico y en toda la América, tenía que venir algún hijo de la Barceloneta a revelar a los americanos los encantos de la rumba, de la conga, del jarabe, de la samba y del danzón.

Carmen Amaya y Enric Madriguera en el Roxy de Nueva York, 1944.

Se olvidó de mencionar el éxito que estaba teniendo la bailaora (del Somorrostro) Carmen Amaya por esa época en los Estados Unidos, pero hizo hincapié en la paradigmática flamenca fama que tenía Barcelona y sus tablaos antes de la guerra:

Con el cante hondo pasa algo similar. Todos los turistas internacionales de antes de la guerra sabían que los principales cuadros flamencos existentes en España se hallaban en Barcelona. Por algo, además, uno de los mayores expertos en cante hondo en la península fue el gran comediógrafo y pintor catalán Santiago Rusiñol, quien no sólo era un tratadista de este misterioso arte, sino que personalmente había ganado concursos de cante hondo, a pesar de ser el único concurrente “extranjero” en dichos torneos celebrados en la tierra de María Santísima.

Santiago Rusiñol (“Niño de Barcelona”) en el Teatro Victoria de Barcelona,  abril de 1929.

Tema al que ya me referí en el libro El flamenco en la Barcelona de Exposición Internacional (1929-1930), especialmente en el capítulo dedicado a la “colonia flamenca” de 1929, páginas 37-48 y que encabecé con el titular de Braulio Solsona:

En Barcelona residen más flamencos que en Madrid y Sevilla, que es donde parece que el flamenco debía gustar más. Radicados en el distrito quinto, forman como una gran familia…

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